De mayor quiero ser...
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Miércoles, 23 de marzo de 2005
Estoy aquí, de pie, en la barra de una cafetería para enamorados, tomando un café con leche. Hace un momento, aún en la calle, me estaba viendo a mí dentro de quince años. Igual. Con una falda demasiado corta, la cara desfigurada por el maquillaje y perdida entre la gente, mirando a los ojos con cara de pena y abriendo el abrigo ante hombres que parecen interesantes, suplicando un poco de cariño y mirando hacia abajo y cerrando el abrigo cuando era un hombre del que no me gustaría esperar nada.
También pensé en lo del otro día, cuando estaba parada en el andén del metro, en el borde como siempre, y se me ocurrió qué pasaría si me hubiera dejado caer en el momento preciso. Ni siquiera se me pasó por la cabeza lo del suicidio, no es algo que quiera y, sin embargo, se me pasó.
No es que todo me vaya mal, no es eso, siempre podría ir peor; pero ahora estoy aquí sola, después de haber ido al cine y abrir mi abrigo y cerrarlo con la falda demasiado corta debajo.
El café está ardiendo, la punta de la lengua abrasada, y noto como tiembla mi mano al coger la taza y mi boli y todo. Tengo miedo. Estoy triste, tengo miedo, tiemblo. Estoy sola ahora como lo estaré dentro de quince y dentro de treinta años; en otro café, con otra hoja para apuntar la cuenta medio acabada y sola. Y perdida pero aún peor, sabiendo que me quejo de que tiemblo por estar sola, pero que estar acompañada y no tener que sonreír y abrir mi abrigo no es la solución. Sólo es una forma de hacerme sufrir por algún motivo, porque se tiembla y se tiene más miedo cuando no se sabe por qué se tiembla o se teme.
Ahora es una servilleta donde escribo, el camarero que me dio su hoja de pedido es demasiado atractivo como para sonreírle para que me deje otra. Puede que entonces no estuviera sola, no creo, pero también perdería el motivo por el que me engaño y me hiero.
No era lo que quería y sería incapaz de hacerlo y, sin embargo, lo pensé. Y ahora tiemblo y no sé si me engaño y digo que no sé y me busco excusas o lo sé demasiado bien, pero no quiero decirlo y por eso estoy aquí con un café tibio.
No sé lo que me falta, ni lo que me sobra. Sólo estoy perdida, rodeada de gente que me dice que estaría encantada de sentarse a mi lado y tomar un café frío. Pero no es lo que necesito para no temblar y para no esperar en el borde del andén del metro.
Y yo seguiré aquí cuando todo esto termine, cuando el café termine, cuando esta parte de mi vida se acabe y me vea desde fuera, o no... Después de todo será lo mismo dentro de quince y de treinta años. La misma mujer temblando y bebiendo café frío. Porque nada aquí cambia, en la vida de los desencantados, de las mujeres que ya con veinte años se abren el abrigo y miran buscando cariño, pero sólo el que no le dan, el que le ofrecen lo rechaza y sonríe; no quiere nada y lo quiere todo cuando lo ha perdido. Y cada vez es más tarde para darse cuenta, y cada vez más triste. Pero nada cambia, ni cambiará, la misma mujer, las mismas piernas más viejas debajo de otra falda y otro abrigo. Y la misma vida sin motivos.
Ya casi he terminado toda esta farsa de papeles y servilletas y cafés, pero sigo temblando. Lo siento, sé que debo hacerlo, pero no puedo, no puedo cambiar ni dejar de temblar. Me gusta dolerme, me gusta ser una persona ensangrentada por dentro de desencanto, porque al menos es algo que tengo y sí me llena. Me duele y no sé qué es, si sé como llamarlo pero no sé qué es y seguiré temblando y bebiendo. Ahora y para siempre. Quisiera que no, o no lo sé. Pero ahora estoy aquí y nada más. Como estaré siempre.
Por: Anne | Historias | Comentarios (2) | Referencias (0)
Yo te hacia libre de ser secretaria ya!!! Y nada... :(. Volvi para ver la reaccion de los jefes a tu renuncia, y nada..!!!, peor bueno, te sigo leyendo cada tanto!, Lo del cafe, las minis, pasará, la vida te gira la cabeza cuando menos lo esperas (y pensas!),
Saludos desde Roma..
Marcela | 24-03-2005 23:48:36
He leido tu post y solo puedo decirte que me siento muy identificada. Solo darte una mala noticia. El problema no es ese trabajo. A mi me pasaba lo mismo finalmente encontré 1000 razones para dejar el curre y lo hice, deje el trabajo y me apunté a un master (que me cuesta una pasta) pero sigo sintiendo el vacio, todo el mundo me parece absurdo, solo me apetece estudiar y sacar el master. Pero algo ha cambiado dentro de mi, ahora cada dia me levanto pensando que hoy será un día mejor que ayer y eso es lo que me permite seguir viviendo. Todos los dias me levanto pensando que la gente que no me quiere empezara a quererme, porque yo tambien solo quiero a quien no me quiere, en momento en que alguien se toma un cafe conmigo deja de interesarme y pasa a la categoria de personas absurdas. Estoy loca? no lo sé, creo que si
dorothy | 30-03-2005 15:26:22